La persona no puede encontrarse plenamente si no es mediante el don de sí

Seguimos con el libro de G. Derville, Amor y desamor. Esta vez el autor se centra en la persona humana, como una realidad extraordinariamente compleja en la que intervienen la psicología, la biología, la moral y la espiritualidad. La castidad aparece entonces como la respuesta de toda la persona, cuerpo y alma, inteligencia, voluntad y sentimientos. Se trataría de una respuesta del corazón, entendido como el «lugar de combate entre el amor y la concupiscencia» (san Juan Pablo II ponía de relieve el vínculo original entre pureza y felicidad del hombre; de ahí la importancia de este combate en el marco de la comunión de las personas).Existe una conexión esencial entre la persona y la diferenciación entre hombre y mujer. Por eso, cuando «el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos», no se trata de algo «puramente biológico», sino que «afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. […] La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona incluso en su dimensión temporal. Si la persona se reservase algo, o la posibilidad de decidir de otra manera en orden al futuro, ya no se donaría totalmente».En efecto, de algún modo la persona, se convierte en un don y es capaz de manifestar amor con su cuerpo: «Este significado “conyugal” del cuerpo humano puede entenderse solo en el contexto de la persona. El cuerpo tiene un significado “esponsal” porque el hombre-persona, como dice el Concilio, es una criatura que Dios ha amado por sí misma, y que, al mismo tiempo, no puede encontrarse plenamente si no es mediante el don de sí». En este sentido, la institución del matrimonio no es una injerencia indebida en las relaciones íntimas entre hombre y mujer, sino la exigencia interior del pacto de amor conyugal: es el único lugar que hace posible que el amor entre un hombre y una mujer sea conyugal.¿Qué ocurre cuando uno decide no casarse? Juan Pablo II explica: «Si Cristo ha revelado al hombre y a la mujer, por encima de la vocación al matrimonio, otra vocación –la de renunciar al matrimonio por el Reino de los Cielos–, con esta vocación ha puesto de relieve la misma verdad sobre la persona humana. Si un hombre o una mujer son capaces de darse como don por el Reino de los Cielos, esto prueba a su vez (y quizá aún más) que se da la libertad del don en el cuerpo humano. Quiere decir que este cuerpo posee un pleno “significado esponsal”».

Origen: La persona no puede encontrarse plenamente si no es mediante el don de sí

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