La felicidad consiste en el arraigarse en el Amor

¿cómo definir la felicidad humana? Y con Juan Pablo II afirma: «La felicidad consiste en el arraigarse en el Amor. La felicidad originaria nos habla del “principio” del hombre, que ha surgido del Amor y ha dado comienzo al amor. Y esto ha sucedido de modo irrevocable, no obstante el sucesivo pecado y la muerte. A su tiempo, Cristo será testigo de este amor irreversible del Creador y Padre, que ya se había expresado en el misterio de la creación y en la gracia de la inocencia originaria».En el misterio de la creación, ve san Juan Pablo II el «don originario y fundamental», porque surge de la nada. Al mismo tiempo, resalta que «la creación es un don, porque en ella aparece el hombre que, en cuanto “imagen de Dios”, es capaz de comprender el sentido mismo del don en la llamada de la nada a la existencia». Más adelante, añade que «el don revela, por decirlo así, una característica especial de la existencia personal, más aún, de la misma esencia de la persona», que existe «para alguno». Esta lectura de la soledad original del hombre y de la creación de la mujer, que hace salir al hombre de su aislamiento, conducen a Juan Pablo II a poner en evidencia «la libertad interior del don», que permite al hombre y a la mujer encontrarse recíprocamente y acogerse, mirando al otro como imagen de Dios. «El cuerpo humano, orientado interiormente por el “don sincero” de la persona, no solo revela su masculinidad o feminidad en el plano físico, sino también un valor y una belleza que sobrepasan la dimensión meramente física de la “sexualidad”. De este modo se completa, en cierto sentido, la conciencia del significado esponsal del cuerpo, vinculado a la masculinidad-feminidad del ser humano. Por una parte, este significado indica una particular capacidad de expresar el amor, en el que el hombre se convierte en don; por otra parte, una capacidad y una profunda disponibilidad para realizar la “afirmación de la persona”, es decir, literalmente, la capacidad de vivir el hecho de que el otro –la mujer para el hombre y el hombre para la mujer– es, por medio del cuerpo, alguien amado por el Creador “por sí mismo”, es decir, único e irrepetible: alguien elegido por el eterno Amor». La concupiscencia, al contrario del verdadero amor, «comporta la pérdida de la libertad interior del don», y el cuerpo se convierte en «terreno de apropiación» del otro ser humano. Cuando un deseo del cuerpo excluye la unión de las almas, el don y su significado se encuentran falseados, así como la unión de las personas.El amor es el acto fundamental de la libertad humana, que se siente atraída por el bien: el amor es la vida del alma. Las pasiones son los afectos, emociones e impulsos de la

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